El viejo pastor puso la banqueta y se sentó en ella. El niño lo observaba con la boca entreabierta. El pastor enganchó a una cabra por una pata, le agarró las ubres y las metió en el recipiente y comenzó a ordeñarla. El niño miró al pastor. Al chico le pareció que el viejo estaba nervioso. La cabra, que estaba inquieta, coceó la lata y trato de salir corriendo, pero el pasto se lo impidió fijándole las patas a dos de las varillas. Cuando terminó el ordeño, liberó al animal y éste huyó en dirección a los chopos, donde se tranquilizó mordisqueando las puntas de las ramas más bajas.
Adaptación de Intemperie, de Jesús Carrasco
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